EL PACTO VERDE EUROPEO

De la granja a la mesa

«La crisis del coronavirus ha revelado nuestra vulnerabilidad y la importancia de restablecer el equilibrio entre la actividad humana y la naturaleza. La Estrategia sobre Biodiversidad y la Estrategia «De la Granja a la Mesa», elementos centrales del Pacto Verde, apuntan hacia un equilibrio nuevo y mejorado entre la naturaleza, los sistemas alimentarios y la biodiversidad para proteger la salud y el bienestar de nuestros ciudadanos y, al mismo tiempo, incrementar la competitividad y la resiliencia de la UE. Estas estrategias son una parte fundamental de la gran transición que estamos emprendiendo». Frans Timmermans, vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea.

El Pacto Verde Europeo establece la manera de convertir a Europa en el primer continente climáticamente neutro de aquí a 2050. Define una nueva estrategia de crecimiento sostenible e integrador para impulsar la economía, mejorar la salud y la calidad de vida de las personas, cuidar de la naturaleza y no dejar a nadie atrás.

La Estrategia «de la granja a la mesa» es un elemento esencial del Pacto Verde. En ella se tratan ampliamente los desafíos de los sistemas alimentarios sostenibles y se reconocen los vínculos inextricables entre personas sanas, sociedades sanas y un planeta sano. La estrategia también es un componente fundamental de la agenda de la Comisión para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas. Todos los ciudadanos y operadores de las cadenas de valor, tanto dentro como fuera de la UE, deberían beneficiarse de una transición justa, especialmente tras la pandemia de COVID-19 y el debilitamiento de la economía. El cambio a un sistema alimentario sostenible puede aportar beneficios ambientales, sanitarios y sociales, ofrecer ventajas económicas y garantizar que la recuperación de la crisis nos sitúe en una senda sostenible 1 . Resulta esencial para el éxito de la recuperación y de la transición garantizar medios de vida sostenibles para los productores primarios, que aún están rezagados en términos de ingresos 2 .

La pandemia de COVID-19 ha puesto de relieve la importancia de un sistema alimentario sólido y resiliente que funcione en todas las circunstancias y sea capaz de garantizar a los ciudadanos el acceso a un suministro suficiente de alimentos a precios asequibles. También nos ha hecho muy conscientes de las interrelaciones entre nuestra salud, los ecosistemas, las cadenas de suministro, las pautas de consumo y los límites del planeta. Es evidente que debemos hacer mucho más para mantener la salud, tanto la nuestra como la del planeta. La pandemia en curso no es más que un ejemplo. El aumento recurrente de las sequías, las inundaciones, los incendios forestales y las nuevas plagas es un recordatorio constante de que nuestro sistema alimentario está amenazado y debe ser más sostenible y resiliente.

La Estrategia «de la granja a la mesa» es un nuevo enfoque amplio de la manera en que los europeos valoran la sostenibilidad de los alimentos. Es una oportunidad para mejorar los modos de vida, la salud y el medio ambiente. La creación de un entorno alimentario favorable que facilite la elección de dietas saludables y sostenibles beneficiará la salud y la calidad de vida de los consumidores, además de reducir los costes relacionados con la salud para la sociedad. Las personas prestan cada vez más atención a cuestiones medioambientales, sanitarias, sociales y éticas 3 y, ahora más que nunca, buscan valor en los alimentos. Incluso a medida que aumenta la urbanización de las sociedades, estas quieren sentirse más cerca de sus alimentos. Quieren alimentos que sean frescos, menos transformados y de fuentes sostenibles. Además, durante la actual pandemia se han intensificado los llamamientos en favor de que las cadenas de suministro sean más cortas. Los consumidores deben estar facultados para elegir alimentos sostenibles, y todos los agentes de la cadena alimentaria deben considerar esto como una responsabilidad y una oportunidad para ellos.

La alimentación europea ya se considera una norma mundial para alimentos que son inocuos, abundantes, nutritivos y de alta calidad. Este es el resultado de años durante los cuales la UE ha elaborado políticas encaminadas a proteger la salud humana, animal y vegetal, así como de los esfuerzos de los agricultores, pescadores y acuicultores. Ahora, los alimentos europeos también deberían convertirse en la norma mundial en relación con la sostenibilidad. Esta estrategia tiene por objeto recompensar a los agricultores, pescadores y otros operadores de la cadena alimentaria que ya hayan superado la transición hacia prácticas sostenibles, facilitar la transición para los demás y crear oportunidades adicionales para sus empresas. La agricultura de la UE es el único sistema importante del mundo que ha reducido las emisiones de gases de efecto invernadero (en un 20 % desde 1990 4 ). Sin embargo, incluso dentro de la UE, esta senda no ha sido lineal ni homogénea en todos los Estados miembros. Además, la producción, la transformación, la venta minorista, el envasado y el transporte de alimentos contribuyen en gran medida a la contaminación del aire, el suelo y el agua, así como a las emisiones de gases de efecto invernadero, y tienen un enorme impacto en la biodiversidad. Por tanto, a pesar de que la transición de la UE hacia sistemas alimentarios sostenibles ha comenzado en muchos ámbitos, los sistemas alimentarios siguen siendo uno de los principales motores del cambio climático y la degradación del medio ambiente. Existe la necesidad urgente de reducir la dependencia de plaguicidas y antimicrobianos, reducir el exceso de fertilización, aumentar la agricultura ecológica, mejorar el bienestar de los animales y revertir la pérdida de biodiversidad. 

La Ley del Clima 5 establece el objetivo de alcanzar una Unión climáticamente neutra de aquí a 2050. La Comisión presentará, en septiembre de 2020 a más tardar, un plan dedicado al clima para 2030, con objeto de elevar el objetivo de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero al 50 o 55 % respecto a los niveles de 1990. La Estrategia «de la granja a la mesa» establece un nuevo enfoque para garantizar que la agricultura, la pesca y la acuicultura, así como la cadena de valor alimentaria, contribuyan adecuadamente a este proceso.

La transición hacia sistemas alimentarios sostenibles también es una enorme oportunidad económica. Las expectativas de los ciudadanos están evolucionando e impulsan cambios significativos en el mercado alimentario. Se trata de una oportunidad para agricultores, pescadores y acuicultores, así como para las empresas transformadoras de alimentos y los servicios alimentarios. Esta transición les permitirá hacer de la sostenibilidad su marca y garantizar el futuro de la cadena alimentaria de la UE antes de que lo hagan sus competidores del resto del mundo. La transición a la sostenibilidad representa la oportunidad de ser «pioneros» para todos los agentes de la cadena alimentaria de la Unión.

Es evidente que la transición no se producirá sin un cambio en la dieta de las personas. Sin embargo, en la UE, 33 millones de personas 6 no pueden permitirse una comida de calidad cada dos días y, en muchos Estados miembros, la ayuda alimentaria es imprescindible para parte de la población. Existe el riesgo de que el desafío de la inseguridad alimentaria y de la asequibilidad de los alimentos crezca durante el debilitamiento de la economía, por lo que es esencial tomar medidas para cambiar las pautas de consumo y reducir el desperdicio de alimentos. Se desperdicia 7 alrededor del 20 % de los alimentos producidos y la obesidad también está aumentando. Más de la mitad de la población adulta padece sobrepeso 8 , lo que contribuye a una alta prevalencia de enfermedades relacionadas con la dieta (como varios tipos de cáncer) e incrementa los costes de la asistencia sanitaria. En general, las dietas europeas no están en consonancia con las recomendaciones dietéticas nacionales y el «entorno alimentario» 9 no garantiza que la opción saludable sea siempre la más fácil. Si las dietas europeas se adecuaran a las recomendaciones dietéticas, la huella ambiental de los sistemas alimentarios se reduciría considerablemente.

También está claro que no podemos cambiar a menos que el resto del mundo nos acompañe. La UE es el mayor importador y exportador mundial de productos agroalimentarios y el mayor mercado de alimentos marinos del mundo. La producción de mercancías puede tener impactos ambientales y sociales negativos en los países donde se producen. Por consiguiente, los esfuerzos encaminados a endurecer los requisitos de sostenibilidad en el sistema alimentario de la UE deberían ir acompañados de políticas que contribuyan a elevar el nivel en todo el mundo, con objeto de evitar la externalización y la exportación de prácticas no sostenibles.

Un sistema alimentario sostenible será esencial para alcanzar los objetivos climáticos y medioambientales del Pacto Verde, al tiempo que mejora los ingresos de los productores primarios y refuerza la competitividad de la UE. La presente estrategia apoya la transición haciendo hincapié en las nuevas oportunidades tanto para los ciudadanos como para los operadores del sistema alimentario.